SOBRE LOS MATERIALES EDUCATIVOS

SOBRE LOS MATERIALES EDUCATIVOS

 

Profesor Doctor Manuel Alberto Argumedo

Ciudad de Buenos Aires, 2005

 

Los materiales para ser utilizados en el contexto de una acción educativa deben ser coherentes con la concepción de método que fundamenta la acción educativa.

Entendemos por método el modo de educar, que se fundamenta en un conjunto de opciones teórico—políticas: la concepción de sociedad y de hombre, el papel del sujeto en la sociedad, una concepción de aprendizaje. A partir de estas opciones los educadores definen para qué educan, el sentido político de su acción.

Cuando el educador no se plantea estas opciones, está trabajando en pro de las opciones que otros tomaron por él. Su acción tiene del mismo modo un sentido, que es el que los otros le dan. En este caso, el educador es operador de otras personas, es instrumento.

Sin embargo estas opciones son individuales y, al mismo tiempo sociales. Individuales porque debe tomarlas cada uno; sociales porque las definiciones coinciden con las de otras personas, y se forman así corrientes educativas que trabajan en la misma dirección. Tanto si se opta conscientemente por una concepción en la que el hombre debe someterse, adaptarse y aceptar la sociedad en la que vive, como si plantea que pueden construir, a partir de esa sociedad en la viven, aquella en la quieren vivir, se trabaja en la educación procurando ser coherente con esa opción.

El material que se utilizará en el contexto de una acción educativa es un componente operacional del método, una construcción en la que esas opciones que fundamentan el método se manifiestan, se materializan.

Para Freire, el material es una codificación que los educadores construyen a partir tanto de sus opciones teórico—-políticas, como de un diagnóstico de la realidad en la que van a actuar y de las personas que ellos pretende que aprendan algo. Cuando Freire plantea el tema generador como su estrategia metodológica, nos ofrece muchas precisiones sobre el material educativo, que vamos a incorporar en esta breve exposición.

A partir de lo que hemos dicho, el material debe cumplir con las siguientes condiciones para que pueda ser eficazmente utilizado en la dirección que pretendemos educar, es decir, para colabore en la consecución de los objetivos que nos hemos propuesto para una acción educativa.

 

Coherencia con la opción metodológica

 

No es lo mismo cualquier “recurso” porque todos están “cargados” con una determinada orientación metodológica. Es en este sentido que Bruner (1988: 131) afirma que no es posible encontrar ningún texto que solamente “informe”. Toda información comporta al mismo tiempo un mensaje sobre cómo debo pensar esos datos, qué es lo que tengo que hacer con ellos.

En este aspecto, un ejemplo paradigmático es el libre de lectura, incluso el libro de texto en general. Todas las reflexiones de Freinet sobre el tema apuntan a que los educadores tomen conciencia del valor de los recursos (Freinet, 1978). Las  críticas que le hace Freinet a los manuales muestran que, aunque lo silencien, adhieren a una concepción educativa que no respeta, al menos, los principios de contextualización, operatividad y globalización. Por otra parte, en la medida en que no atienden a las particularidades de cada contexto, resultan significativos solo para aquellas personas que “participan” directamente de la cultura de sus autores.

Además, es necesario insistir en que —al menos para nuestra concepción educativa— cualquier medio o material, por más completo que parezca,  debe considerarse apenas como un instrumento de trabajo de educador y educandos en la situación educativa concreta. Se producen como apoyo a la acción del educador y no deben proponerse substituirlo, puesto que sólo la comunicación directa entre educandos y educadores puede rescatar las especificidades de cada contexto particular de la acción y del momento en que se da la intervención. Es precisamente eso lo que le otorga a la intervención un carácter participativo.

 

Es fundamental tener en claro los objetivos de la acción educativa. ¿Qué se espera lograr con el material? ¿En qué sentido contribuiría al logra de los objetivos? ¿En qué momento de una acción educativa será utilizado el materail? ¿Para motivar, desarrollar o evaluar el aprendizaje? Los mismos materiales se pueden utilizar varias veces, si el educador lo considera necesario, pero será necesario especificar en cada caso cómo utilizarlo y el resultado que se espera lograr.

 

Los lenguajes.

 

Para elaborar materiales se utilizan diferentes lenguajes: el habla, las imágenes, gestos, movimientos, etc. Es importante que los sujetos sean capaces de decodificar esos lenguajes, para que el material sea útil. Por eso el conocimiento de los sujetos, de su situación social y de su historia es fundamental en el momento de construir el material. El contenido del material debe tener sentido para los sujetos. Esto se relaciona con la dimensión de continuidad que forma parte de la propuesta educativa. Por eso Freire señala que el primer paso para elaborar una propuesta de educación liberadora debe incluir una investigación sobre el universo vocabular de los sujetos.

Al mismo tiempo, haciendo pie en el material, debe ser posible cuestionar el sentido de las situaciones y el lenguaje que se utiliza comúnmente. Esto se relaciona con la dimensión de ruptura de la acción educativa. Aplicando la expresión que Snyders utiliza cuando se refiere a la educación, podemos afirmar que el material debe ser una síntesis integrada de elementos de continuidad y elementos de ruptura (Snyders, 1976: 333-363).

Este cuestionamiento del lenguaje y el sentido en el que se utiliza es lo que posibilitará un pensamiento superior.

 

Pensamiento superior, conocimiento profundo.

 

En este momento es preciso hacer una aclaración sobre esta expresión que volveremos a utilizar emçás adelante. Newman y Wehlage distinguen el pensamiento de grado inferior tienen lugar cuando se recupera información recibida, se aplican reglas o se lleva a cabo una actividad rutinaria y repetitiva. El pensamiento superior requiere que se manipule información e ideas de modo que se transformen sus significados. Este tipo de pensamiento permite resolver problemas y construir nuevos significados. El pensamiento superior implica aceptar cierto nivel de incertidumbre. En este mismo sentido, los autores hablan también de conocimiento profundo y conocimiento superficial. El conocimiento trivial o superficial implica una acumulación de conceptos, más o menos  importantes, fragmentados, aislados, lo que se expresa en una familiaridad superficial con los significados. El conocimiento profundo implica un reconocimiento sustantivo de las ideas y se por la capacidad de hacer distinciones claras, desarrollar argumentos, construir explicaciones, resolver problemas (Litwin, 1997: 81-82).

 

Contenido “significativo”.

 

El contenido del material debe ser “significativo” para las personas a las que se les propone aprender. Una material educativo que no tenga sentido para los sujetos no puede llegar a ser atractivo para ellos. Para poner en marcha procesos de comprensión debe tenerse en cuenta el interés de los sujetos en las situaciones que el material presenta.

Por eso, en la primera etapa de una propuestas educativa liberadora, Freire plantea no sólo una investigación del vocabulario, sino también de la cultura y el pensamiento cotidiano de los sujetos, de la situación en la que viven, de la forma en que se la representan, de sus problemas y dificultades y de las estrategias que aplican para superarlas.

El material debe tener en cuenta los “saberes” de los sujetos y partir desde allí para avanzar hacia el cuestionamiento de sus creencias o representaciones. Cuando se limita a ofrecer recetas —con cuya aplicación podrían caminar hacia la solución de los problemas que enfrentan—, sin analizar esos problemas, sin proponer que el descubrimiento de los caminos sea una tarea conjunta del educador y los educandos, lo que se consigue es un conocimiento trivial y se apoya un pensamiento superficial.

 

Un material abierto.

 

El material debe ser “abierto”. Entendemos por un material abierto, aquel que hace posibles diferentes lecturas, que plantea cuestiones que desencadenarán el debate entre los participantes de la acción educativa. En este sentido podemos aplicar el término “andamiaje”, acuñado por Brunner y sus colaboradores. Si el materail es una construcción que utiliza diversos lenguajes, cuando el lenguaje se usa para motivar a las personas para hagan un análisis más crítico de la situación, para que piensen más allá de lo que ahí se dice, está cumpliendo una función parecida a lo que esos autores llaman andamiaje.

Si el material contiene en sí mismo la respuesta que los educadortes consideran correcta para la cuestión que se plantea, no induce a pensart, no constituye un desafío, cierra el debate, porque lo hace inútil. Un material de este tipo no es útil para una propuesta de acción educativa que pretenda que los alumnos adquieran la capacidad de un pensamiento superior.

Esta condición de “apertura” del material debe hacerse evidente en la propuesta de trabajo que lo acompaña. Por ejemplo, una serie de preguntas clave que sirvan para abrir el debate.

 

Un material inacabado.

 

En el mismo sentido puede afirmarse que un buen material es un discurso “inacabado”, que sólo podrácompletarse en la misma situación educativa. Los sujetos que participan en la acción pueden suegrir modificaciones y agregar detalles que surjan de otras lecturas posibles de la situación. La experiencia del programa de radio “Jurado 13” de Kaplún insistía en esta calidad de “incompleto” de un buenmaterial. Se planteaba un caso en una capítulo de radioteatro, que quedaba sin solución y los oyentes enviaban diferentes finales posibles, que se dramatizaban en  el programa de la semana siguiente. Era un material que exigía el diálogo con los oyentes.

Es cierto que en algunos casos es más complicado insertar cosas nuevas en el material, como en el caso de una publicación periódica o de un video. Pero hay en todos los casos estrategias que hacen posible el diálogo. En una revista, por ejemplo, las cartas de los lectores. Una revista que se proponga actuar como material para una acción educativa debería darle mucha importancia a este espacio y construir sus próximos números a partir de él. En el caso del vídeo, el debate podría dar origen a la propuesta de nuevos videos que muestren otras perspectivas; incluso sería posible combinar vídeo y dramatización, actuando diferentes soluciones alternativas a partir de la situación que el vídeo plantea.

 

 

Un comentario final:

De acuerdo con lo que hemos escrito sobre el material educativo debemos afirmar, si somos coherentes con este discurso, que no puede elaborarse un material educativo sin tener en claro en qué situación concreta será utilizado. De modo que la propuesta de nuestro trabajo práctico sólo tienen sentido como un  ejercicio, en el que procuramos aprender a construir un material y a defender su coherencia con el modo de educar que hemos adoptado y su pertinencia para ser utilizado en una acción educativa en la que participarán determinados sujetos y en la  que nos proponemos alcanzar determinados objetivos; es decir, en la que nos hemos propuesto que esos sujetos aprendan algo que consideramos importante. En rigor, cuando el material es elaborado en abstracto, se parte del supuesto de la homogeneidad de los sujetos y de las situaciones en las que ellos viven. Esa tendencia homogeneizadora, aunque produzca en la práctica diferentes aprendizajes, es propia de la educación oficial y tiene una clara intencionalidad política, se trabaja en este caso a favor de los sectores dominantes. Este es el caso de los libros de texto de la escuela y es el motivo por el que Freinet luchó contra el texto único y defendía el texto elaborado en la misma situación educativa, con la participación de todos. De ahí el palel relevante que tenía en su propuesta metodológica la imprenta y el fichero escolar (Freinet, 1978:114-125).

Es necesario también analizar el empleo del material para ver en qué medida sirvió. para lograr los objetivos prefijados, si se adaptó a las características del grupo, si se usó en el momento oportuno, si fue adecuado para el tema tratado. Esta tarea requiere del educador cierta dosis de autocrítica y la posibilidad de efectuar con objetividad un análisis técnico de su propia tarea, señalando los ajustes que sería necesario realizar en posteriores utilizaciones del medio.

 

 

Refrencias Bobliográficas

 

SNYDERS, Georges: Para onde vão as pedagogias não-directivas. 2e,  Lisboa, Moraes Editores, 1978.

LITWIN, Edith: Las configuraciones didácticas.  Una nueva agenda para la enseñanza superior. Buenos Aitres, Paidós, 1997.

FREIRE, Paulo: La educación como acto político y como acto de conocimiento y Alfabetización y educación liberadora. En  Paulo Freire y la Educación Liberadora. Antología de Miguel Escobar G., México, Secretaría de Educación Pública y Ediciones El Caballito, 1985.

FREINET, Élise: Nascimento de uma pedagogia popular. O método Freinet. Lisboa, Editorial Estampa, 1978.

SANTOS, Hilda: Aprendizaje y medios audiovisuales. Rosario, Editorial Biblioteca, 1973. Colección Praxis, 14.

 

 

Se autoriza la reproducción, con la siguiente citación sugerida:

ARGUMEDO, Manuel: “Sobre los materiales educativos”. 2005. [En línea] https://argumedomanuel.wordpress.com/

 [Consulta: día mes. año]

Ejemplo [Consulta: 31 jul. 2009]

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